EL DIJE
Soplé para quitar los restos de viruta y la alejé para admirarla mejor. Otra hermosa estatuilla de madera estaba terminada. No sé cómo había surgido esta habilidad; por aburrimiento tal vez, para entretenerme en las largas esperas por un cliente, en un negocio que no funcionaba tan bien como esperaba. Quité algunas espinillas que sobraban con la uña, la miré a contraluz, girándola despacio, un poco a cada lado. Vi su contorno definido y me di por satisfecho con la tarea. La puse en el estante detrás mío, junto a las demás. Las acomodé un poco: los espacios simétricos, paralelas cada una al borde de la repisa. Detalles que eran necesarios para mí. Un TOC, dirían algunos; orden artístico, diría yo. ¿Qué saben ellos? Cada una era un logro, una idea materializada, una visión mía de la realidad. Justo esa misma que me daba tiempo excesivo para el arte a costa de mi estabilidad económica. Hacía varias horas que no entraba nadie al negocio y ya me empezaba a preocupar. La voz me trajo súbitam...